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Mediación Comunitaria

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Ilustración: Mediación Comunitaria Introducción

La sociedad occidental actual está inmersa en la exigencia de mayor participación por parte de la ciudadanía en las instituciones que implementan el sistema democrático que la representa. Sin embargo, la construcción de la participación en las entidades más cercanas a la ciudadanía no sólo consiste en la elección de sus representantes en los Ayuntamientos u otras entidades locales cada cierto periodo de tiempo. Supone la implementación de nuevos métodos que amplíen la dimensión democrática para llevarla a su expresión más cotidiana, la que genera el sentimiento de pertenencia a un determinado lugar, ya sea un barrio, un distrito o una ciudad completa.

Desde hace ya algunas décadas, la mediación es entendida como un derecho de la ciudadanía y como una obligación de los poderes públicos. Es por ello, que quienes hablan de mediación comunitaria, insisten en que es fundamental la existencia de un sistema democrático, y la democracia lleva implícita la participación, ya sea directa o indirecta de quienes forman parte del sistema democrático.

A pesar de que la sociedad democrática es considerada menos problemática, ello no quiere decir que no se desarrollen conflictos entre las personas y/o instituciones o entidades que conviven en el día a día. Y de la forma de enfrentarse a los conflictos, surgen distintos posicionamientos. Si se interviene antes de que aparezca el conflicto, hablamos de Mediación Preventiva, y ésta tiene como principal objetivo gestionar la convivencia de las distintas culturas insertas en una comunidad, de forma que no se produzcan conflictos como consecuencia de las diferencias culturales. Pese a que no es apreciada por sus resultados inmediatos, sí produce efectos a medio y largo plazo en la comunidad, teniendo como resultado principal la ausencia de conflictos.

¿Qué es la mediación comunitaria?

Para hablar de mediación comunitaria deberemos estudiar lo comunitario como el escenario de convivencia más inmediato, el local. Podríamos entender lo comunitario como el grupo de personas que comparten un espacio físico, y que pueden tener preocupaciones sociales, políticas y económicas comunes. Pero a veces, esas personas, o grupos sociales, no coinciden en la forma de cumplir determinados acuerdos (implícitos y/o explícitos) que la propia comunidad se ha dotado para la convivencia cotidiana. Y es cuando pueden surgir los conflictos en la comunidad.
Nos referimos al término “mediación comunitaria” como al sistema de gestión de los conflictos que realiza una persona mediadora neutral e imparcial y en el que participan las personas implicadas en el conflicto de forma directa, para encontrar soluciones favorables para todas las partes. Con la mediación comunitaria, se persigue que las partes vean la realidad con una perspectiva diferente, la asuman, y se acerquen a la resolución del conflicto de forma más satisfactoria.
La mediación comunitaria puede tener dos perspectivas:

  • Aquella que sin ofrecer un servicio concreto de mediación a la comunidad, sí que trabaja para que se integre y asimile la cultura de la mediación, del pacto, del acuerdo, en todos los integrantes de la comunidad, tanto públicos como privados, de forma que desarrolla las habilidades básicas que fomentarían la convivencia pacífica entre la ciudadanía, la cultura participativa, el fomento del respeto a las diferencias y el respeto a todas las opiniones, así como potenciará el diálogo. En definitiva, acepta la faceta positiva del conflicto.
  • Aquella que crea un espacio institucionalizado para la resolución de los conflictos, a través de la mediación por profesionales cualificados, para evitar que los conflictos se conviertan en acciones violentas resultado de enfrentamientos.

Estas dos corrientes no son excluyentes, pero por lo general se opta por la segunda opción.

¿Qué objetivos persigue?

La mediación comunitaria persigue:

  • Facilitar el reconocimiento mutuo de las partes en conflicto y la legitimidad de todos los intereses y todas las aportaciones.
  • Garantizar y respetar la voluntariedad de las partes, tanto en la aceptación como en la continuidad del proceso.
  • Velar porque todas las partes sean iguales (es lo que se denomina horizontalidad en el proceso).
  • Utilizar los recursos de forma sostenible. Para la resolución del conflicto se utilizarán los recursos de que dispone la comunidad, de forma que se aproxime a acuerdos reales y posibles.
  • Asegurar la legitimidad y competencia de las personas mediadoras. Ello redundará en el éxito de la mediación comunitaria.
Modalidades

INTERCULTURAL

1. Introducción

Desde hace ya algunas décadas, la globalización, en todas sus formas, esto es, económica, cultural, tecnológica, social, religiosa, ha dejado de ser una situación anecdótica, restringida, para formar parte de nuestra cotidianidad. Desde antiguo, las personas procedentes de otras regiones, otras culturas, se instalaban en un territorio distinto al de su origen; sin embargo, esto era considerado por la sociedad como algo ocasional. La actualidad nos muestra un contexto bien distinto, en la que las sociedades originarias viven y conviven con grupos de personas de distintas procedencias, nacionalidades, culturas, religiones y situaciones económicas, instaladas de forma permanente que crecen en número de forma progresiva.

Aquello que fue considerado como ajeno, es ahora objetivo de las políticas públicas en distintos ámbitos, principalmente en el educativo. La intervención pública pretende reducir los conflictos en las relaciones humanas para obtener la conocida popularmente como “convivencia para la paz social”.

2. ¿Qué es?

El concepto de interculturalidad parte de una sociedad en la que los valores democráticos de participación ciudadana, la pluralidad de expresiones, la igualdad, la no discriminación por razón de sexo, raza, religión, y otras circunstancias, se entienden como pilares fundamentales de la organización política y social, cuya expresión máxima es la democracia.

Si bien los términos multicultural e intercultural suelen confundirse por estar muy próximos, debemos establecer una clarificación, de forma simplificada, que justifique la elección del término intercultural como el más apropiado en el ámbito de la mediación.

En general, cuando hablamos de «multicultural», nos referimos al reconocimiento individual a todas y cada una de las culturas que están presentes en una sociedad determinada, incidiendo en la identidad de cada una de ellas, destacando los derechos propios que generan, y recalcando las diferencias que presentan como fruto de su identidad, legítimas e irrenunciables. Por ello se aboga por la coexistencia, con respecto a otras minorías y a la cultura mayoritaria. En definitiva, son compartimentos estancos que se aceptan unos a otros, pero las relaciones entre sí son poco frecuentes.

Intercultural” va más allá, pues parte de la premisa de la necesidad de entendimiento entre las culturas diferentes. Para ello es básica la interacción entre las personas y/o entre las entidades culturalmente diferentes, partiendo en la búsqueda de lo común, de encontrar vínculos que las personas tienen, independientemente de la etnia a la que se pertenezca. Aquí no sólo coexisten las etnias, sino que conviven. Esta idea conlleva implícita la resolución pacífica de los conflictos inter-étnicos.

El SEMSI (Servicio de Mediación Social Intercultural del Ayuntamiento de Madrid) define la Mediación Intercultural como una “modalidad de intervención de terceras partes neutrales entre actores sociales o institucionales en situaciones sociales de multiculturalidad significativa, en al cual el profesional tiende puentes o nexos de unión entre esos distintos actores o agentes sociales con el fin de prevenir y/o resolver y/o reformular posibles conflictos y potenciar la comunicación, pero sobre todo con el objetivo último de trabajar a favor de la convivencia intercultural”.
La mediación intercultural es un fenómeno bastante reciente, presente en España desde hace poco más de diez años. De hecho se trata de una figura que aún no está del todo definida, ni siquiera regularizada profesionalmente, aunque la figura del mediador intercultural ya está reconocida por el Ministerio del Interior -según Real Decreto 638/2000 de 11 de mayo-.
La mediación intercultural suele estar relacionada con el ámbito del trabajo social, y las pocas iniciativas formativas en este campo, contando o no con apoyo académico universitario, se han puesto en marcha desde ONGs y servicios sociales de ayuntamientos.

3. ¿Para qué sirve?

La mediación intercultural sirve en contextos donde se precisa una intervención en situaciones sociales de multiculturalidad relevantes, con el objetivo del acercamiento entre las partes, el reconocimiento del “otro”, la comunicación y la comprensión mutua, el aprendizaje y desarrollo de la convivencia, la regulación de conflictos y la adecuación institucional entre actores sociales o instituciones etnoculturalmente diferenciadas.

En este sentido, la tipología de la mediación intercultural es diversa, pues se distingue entre:

  • Mediación preventiva, que facilita la comunicación y la comprensión entre personas con códigos culturales distintos, con el objetivo de prevenir conflictos culturales.
  • Mediación rehabilitadora, interviene para resolver los conflictos, una vez que ya se han producido.
  • Mediación creativa, genera nuevas estrategias de intervención, nuevas relaciones entre las partes en conflicto.

Las intervenciones de la persona mediadora intercultural se pueden producir en ámbitos como el sanitario, educativo-escolar, familiar, vecinal, jurídico…

4. ¿Cuáles son las características de la persona mediadora intercultural?

Como en cualquier proceso de mediación, la persona mediadora, específicamente en el ámbito intercultural, será un profesional neutral e imparcial, que:

  • Ejerza como conciliador, sin ningún poder de decisión en la resolución del conflicto.
  • Favorezca el cambio de actitudes de los actores sociales.
  • Facilite la comunicación entre las partes en conflicto.
  • Ha de crear un contexto flexible para ayudar a las partes a llegar a un acuerdo, en el intento de acercar posturas.
  • Parte de la voluntariedad del proceso, y por tanto de que las partes no están obligadas a resolver el conflicto por esta vía.
  • Desempeña funciones de sensibilización frente a la desigualdad o discriminación social o institucional.
  • Permite, a través del trabajo con las partes en conflicto, ver el problema desde diferentes ángulos, y con ello, acercar posturas que resuelvan el conflicto.
5. ¿Qué funciones desempeña la persona mediadora intercultural?

La persona mediadora intercultural realiza funciones de catalizador para prevenir conflictos o intervenir una vez ya producidos. Por ello, ha de tener amplios conocimientos sobre la diversidad cultural del territorio y las diferencias culturales que existen en éste. Ha de implicar a la sociedad en general, con el objetivo de la convivencia intercultural, supone analizar y estar al tanto, desde un punto de vista crítico, de las desigualdades sociales. Propiciará la creación de espacios de encuentro entre los grupos sociales étnicos, autóctonos o no, que forman parte de la compleja realidad social, para tender puentes entre todas las culturas, sin fomentar prejuicios y estereotipos.

En Andalucía se han desarrollado en el pasado proyectos de mediación intercultural, como en el caso de la provincia de Sevilla, o Granada. Sin embargo, en la actualidad, los proyectos que contemplan este tipo de mediación son desarrollados por ONG´s especializadas en inmigración, multiculturalidad.



VECINAL

la mediación comunitaria vecinal consiste en la gestión de conflictos surgidos entre las personas pertenecientes a una comunidad de propietarios derivadas de causas tan diversas como derramas, permisos no concedidos, humos, malos olores, obras no consentidas, usos indebidos de las zonas comunes, problemas con mascotas, en definitiva, situaciones problemáticas derivadas de la convivencia vecinal. La intervención de una persona mediadora, neutral e imparcial favorecerá el diálogo entre las partes en conflicto, trabajando para llegar a un acuerdo que satisfaga los intereses de todas las partes.

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